Es bonito
tener sueños, pensar a lo grande, tenerlo todo en nuestras manos, cerradlas y romper
aquello en lo que creíamos dejando los trocitos dentro de nuestro puño. Ilusiones que destrozamos, los dos, tú por
dejarlas atrás y yo, en fin… yo por volverlas inalcanzables, demasiadas
irreales e improbables.
Creo que, pase
lo que pase, deberíamos tener presente siempre la valentía. De esta forma
podríamos decirnos absolutamente todo, lo que queramos, sin miedo a lo que
pueda pasar. Hay algo que siempre tengo en la cabeza… Si algo acaba, pero nadie
le ha puesto fin. Si algo termina pero, a pesar de tener oportunidades para
seguir no se quieren aprovechar, ¿por qué no se dice “se acabó”?
Tú has
acabado, yo aquí sigo esperando.
Qué importará
lo que ocurre en el asiento de un coche, lo que pasa en el banco de un parque o
lo que hacemos en mi cama. Las caricias que nos dimos, las risas que nos
provocamos, las historias breves para conocernos un poco mejor, las dudas que
tuvimos sobre nosotros, que me llamaras imbécil por confesarte que me moría de
ganas por saludarte en varias ocasiones pero no tuve agallas suficientes para
hacerlo…
Vivimos lo suficiente,
lo que pudimos permitirnos, lo que tú quisiste. Aun así creo que nos faltó un
día más. Tener tiempo para mantener las cosas interesantes. Para decir con
palabras y no con evasiones que ya no hay más. Se acabaron las ganas de
besarnos, de estar juntos, de que me tapes con la sábana para no quedarme fría después
de una noche escrita.
En verdad mis
ganas siguen, pero ya estoy cansada de esperarte.
Creo que la
culpa es mía, por tener demasiados frentes abiertos, demasiadas historias en
pleno capítulo 1, pero aun así duele, ¡y cómo duele! En los comienzos tan solo
te fijas en las similitudes y diferencias que tienes con esa persona, en que
podríais formar y en lo que os identifica como humanos. Empezar es fácil, están
los sentimientos a flor de piel, las ganas de ir a más se notan, se sienten.
Puede que no estemos hablando de amor, ni siquiera de cariño. Quizá sea ganas de
tener a alguien, de tocar otro tipo de piel, de experimentar y conocer. Claramente,
de descubrir aquello que nos rodea.
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