lunes, 6 de junio de 2016

Estaría bien saber qué queremos, pues el tiempo pasa, corre y no puede detenerse. Estamos entre la espada y la pared, en el momento en el que no hay que mirar hacia atrás, solo caminar unos pocos pasos para coger carrerilla y saltar hacia adelante.
A lo mejor lo ideal sería precipitarnos y asumir los desafíos juntos, unidos como lo que fuimos una vez, así seríamos conscientes de la fuerza que tenemos y recordaríamos que antes estábamos preparados para comernos el mundo.
Pero claro, eso es el pasado, los buenos momentos que vivimos no están, tú no estás, yo no estoy, nos desvanecimos en el tiempo. Somos la nieve antes los rayos del sol, la llama de fuego en una ventisca. ¿Somos imposibles, o creemos que lo somos y por eso no lo intentamos? Quizá podemos luchar y crear una nueva vida pero, ¿merece la pena?
De verdad, no sé hacia dónde nos dirigimos y qué estamos viendo en este momento. Si te gustaría ver algo sincero, estate atento a mis palabras, las que pueden carecer de cohesión pero te garantizo que su significado es importante.
No te voy a negar que, cuando te conocí, no hubo ningún gran cambio en mi vida, eras simplemente una persona más de mí alrededor, con la cual compartía momentos pero siempre en compañía. En esa época de nuestras vidas pude conocerte por fuera, saber cómo las palabras generales salen a la luz, tener una manera de decir “hola”, cómo expresar una risa… Son detalles que, aunque parezcan tonterías, son los que nos hacen ir más allá. Y así fue… con tiempo pasado fortalecimos una gran amistad, y es básicamente lo que dicen, que todas las relaciones comienzan con una. Éramos fuertes, seguros de lo que queríamos, de conseguir nuestros propios objetivos, hasta que decidimos hacerlo juntos,  ya que los dos buscábamos lo mismo y lo teníamos en nosotros mismos.
Pues sí, no me da miedo a decir que ese fue uno de los mejores momentos de mi vida, que recuerdo cada día que pasa y me da fuerza para seguir adelante. Los primeros días son los más importantes, pero todos deberían serlo por igual.
¿Sabes cuáles fueron los minutos en los que pensé que ya éramos uno? Una fiesta peculiar, donde cada persona lo celebraba a su manera pero permanecía unida con el objetivo de disfrutar. Nosotros también disfrutamos, pero como quisimos de verdad. El momento perfecto, el lugar perfecto, un comienzo de año insuperable. Tú y yo en una cama, apunto de dormir por primera vez y descubrí que todo era mágico cuando me cogiste para acercarme a ti y poder abrazarme. En ese momento rebosaba de felicidad. Te lo prometo.

Te lo digo con total sinceridad, te amo, y siempre lo haré aunque sea a mi manera y no sea la más acertada. Te aseguro que en cada riña, en cada enfado intento mostrar que eres lo más importante para mí y que mi vida sin ti estaría completamente vacía.

viernes, 3 de junio de 2016

Correr sería una buena forma de huir de los problemas. Dejarlo todo y desaparecer durante un tiempo, no mucho, lo justo para cambiar, mejor dicho o volver a ser lo que era. Evolucionar tendría que ser solo si se garantiza que va a ser para mirar con más certeza y seguridad el presente. 
Se trata de volver a ser la misma persona, aquella que vivía sin problemas, y por lo tanto, se definía como feliz.