Me encontré a un chico en el bar donde siempre tomo el primer café de la tarde. No era la primera vez que coincidíamos, nuestras miradas ya se conocían, nuestros labios también. El capullo de él estaba guapísimo con esa chaqueta de paño oscuros y
esa gorra negra cuya marca siempre me cuesta recordar. Siempre me pregunté por
qué llevaba gorra en pleno mes de noviembre sin un rayo de sol presente, pero
nunca se lo pregunté. Supongo que es una especie de sello de identidad o
simplemente la lleva porque le gusta. No sé por qué, lo único que sé es que me
encanta.
Verlo sentado mientras se fumaba un
cigarro acompañado de la soledad. Era el momento perfecto para marcharme de
ahí, pues no estaba preparada para algo más, para perturbar sus pensamientos
con tonterías de las mías.
Aunque mi mente gritaba “no te vayas”,
soy una chica que atiende a las razones, y primero pienso en los demás antes
que en mí misma. Quizá, por esa razón, me oculto siempre a la espera de que no
pase nada.