jueves, 20 de abril de 2017

Decir “tengo frío” puede ser la excusa perfecta para acercarnos un poquito más. Me gustó, de verdad que me gustó abrazarte, tumbado, apoyado  sobre mis piernas mientras con mis manos acariciaba tus brazos para que entraran en calor. Hablamos de todo, sobre todo de lo tímida que soy y de lo difícil que es entenderme. En ese momento me di cuenta de que entramos en una etapa en la que ya era hora de tener confianza en ti, en mí, en creer en nosotros mismos. Ahora lo pienso y lo entiendo. Fue el momento perfecto para un primer beso. Sin miedos, sin temores, con la seguridad suficiente para saber que iba a ser respondido.

Confieso que estaba perdida, no sabía muy bien qué estaba pasando, pero me encantó. Lo recuerdo y tengo un escalofrío. Imagino una y otra vez la forma en que lo hiciste, como cogiste mi cabeza delicadamente y la acercaste despacio hacia a ti para darme un beso fugaz, un beso que desencadenó una lluvia de besos en una noche estrellada.