martes, 24 de octubre de 2017


Un instante para disfrutar y olvidarse del mundo. Solo dos personas, el tiempo por delante y magia. El lugar es lo de menos si te encuentras al 100% de bienestar.
Un coche y dos asientos que llevaban nuestro nombre, pero a los pocos minutos solo necesitamos uno, pues cuanto más juntos mejor, así sería capaz de sentir de cerca los latidos de tu corazón, poder ver si te pones nervioso, si te muerdes el labio por estar inseguro. Cuando mejor conoces a las personas es cuando estás a tan solo un par de centímetros y ahí, en ese momento, es cuando se muestran verdaderamente.
Pon la radio y disfrutemos de la música, cada canción es un lienzo en blanco. Es una forma artística de besar, hacerlo a la par de la melodía, de los golpes fuertes, siguiendo el ritmo. Poder rozar tu piel como si fuera un pentagrama vacío donde mis dedos son las notas.
Besarte, mirarte y cantar una estrofa en voz baja, casi inentendible, mientras se me escapa una sonrisa, mientras tú me agarras fuerte como si me fuera a caer. Cierro los ojos y veo tus manos en mi espalda y tras un beso en la mejilla y un abrazo abarcador, siento tu suspiro entrecortado. Poder tenerte en frente y hacer que salten chispas, que haya un choque, una fuerza poderosa que nos haga cometer locuras sin arrepentirnos de nada. Éramos tan solo nosotros mismos.
La sexta canción fue especial. Sube el volumen que quiero sentirla por mis venas. Coincidió ser una que me encanta porque cuenta una historia, pero no como la nuestra ya que no tienen ningún parecido, pero ésta siempre me llega al alma porque una vez cuando tenía siete años yo sentí lo mismo y creía que la vida estaba marcada. Ahora es diferente, no tenemos base ni planes de futuro y no sabemos ni siquiera cómo será el mañana, solo puedo decir que eres la casualidad más bonita.
Sé que en ese momento no podría ser más feliz, pues lo tenía todo, besos, abrazos, amor para mis oídos. Disfruté como una niña en un columpio. Perdí la cuenta a partir de la décima canción, creo que fue ahí cuando quería que nosotros hiciéramos la música, ser los directores de la orquesta. Unirnos más y hacer que las corcheas se disparasen.
Quería tenerte para mí, no suelo ser egoísta pero esa noche estaba escrita y nosotros no lo sabíamos. Nos dejamos llevar sin pensar en un qué o un cómo. Era el momento perfecto para saber más del uno y del otro y enseñarte cómo soy de verdad, sin basarnos en falsas imágenes que nosotros mismos distorsionamos.

Créeme que esto no lo esperaba, ahora se me haría poco una despedida amable para poner fin a la noche y mirar a las estrellas hasta entrar por la puerta de mi casa. Prefiero mil veces lo ocurrido: bajarme del coche sin quererlo, darte un último beso sin estar segura de que fuera a ser el definitivo y sobre todo, entrar por la puerta de mi casa sonriendo sin fijarme acaso si había estrellas. 

jueves, 24 de agosto de 2017

Me encontré a un chico en el bar donde siempre tomo el primer café de la tarde. No era la primera vez que coincidíamos, nuestras miradas ya se conocían, nuestros labios también. El capullo de él estaba guapísimo con esa chaqueta de paño oscuros y esa gorra negra cuya marca siempre me cuesta recordar. Siempre me pregunté por qué llevaba gorra en pleno mes de noviembre sin un rayo de sol presente, pero nunca se lo pregunté. Supongo que es una especie de sello de identidad o simplemente la lleva porque le gusta. No sé por qué, lo único que sé es que me encanta.
Verlo sentado mientras se fumaba un cigarro acompañado de la soledad. Era el momento perfecto para marcharme de ahí, pues no estaba preparada para algo más, para perturbar sus pensamientos con tonterías de las mías.
Aunque mi mente gritaba “no te vayas”, soy una chica que atiende a las razones, y primero pienso en los demás antes que en mí misma. Quizá, por esa razón, me oculto siempre a la espera de que no pase nada.


lunes, 26 de junio de 2017

Ellos son felices, pues así debería ser el amor, pura felicidad. El amor es despertarse y darle los buenos días a esa persona, que aunque no esté contigo en ese momento, imaginas abrazarle y piensas en él nada más poner los pies en el suelo.
El amor es estar el uno junto al otro. Acompañarse, apoyarse, estar ahí en todo momento, estar para lo que sea, para todo, para nada. Estar porque simplemente quieres estar. Estar porque harías cualquier cosa por esa persona.
Besos, abrazos, caricias, sonrisas, risas, carcajadas, cosquillas y todo eso por un motivo, por una razón. Porque en el momento que te ocurre esto sabes que no puede haber nada mejor. Porque el motivo es una persona y te sientes feliz porque sabes que está contigo, que te quiere, que te cuida y que te protege.
Eso es amor, la fuerza que une a dos personas, la fuerza que nadie puede vencer. La fuerza que ambos ponen y les convierten en invencibles.
Parece fácil, pero no lo es. Es encontrar a tu otro yo, a otra persona que te complemente y que te hace estar al 100%.
Puede que lo tengas enfrente y no lo veas, puede que sea alguien que conozcas desde hace años, incluso puede ser alguien que conozcan de apenas unos minutos. Es lo que te haga el corazón sentir. El temblor por ver a esa persona, las miradas que esquivas para que no vea.
Es el fuerte “boom boom” que notas sin tener la mano sobre el corazón.
Es la persona cuya primera relación era sola amistad y ahora es amistad y algo más. Ese más que no solo muestra amor, sino enamoramiento.
No solo son los besos quienes demuestran ese enamoramiento. Los enamorados van a más. Se expresan, dicen lo que sienten desnudos, juntos, pegados, a tan solo a unos centímetros, conectando, formando uno.
Es el momento donde el mundo se detiene. Donde sientes un millón de fuegos artificiales dentro de ti hasta que llega la calma.
Todo esto es lo que siento yo por ti y es lo que creo que somos. Dos personas que se aman hasta el final de sus días. Que lo dan todo por el otro.
Haría cualquier cosa por ti con tal de verte feliz. Si necesitas un abrazo yo te daré dos, si necesitas un beso te daré mil. Si necesitas que esté contigo, no me marcharé.

Para todo, para lo bueno y lo malo, para las risas y los llantos, me tendrás a tu lado. Porque eso es lo que hacen las parejas. Se aman y se respetan, se quieren  y confían el uno en el otro. Y yo simplemente daría todo lo que tengo, solo por verte sonreír, porque con eso, ya me haces feliz.
Tienes tu vida, tu día a día marcado, guiado. Te levantas por las mañanas y sabes qué es lo que tienes que hacer. Sales, disfrutas con tus amigos, bebes, bailas, te diviertes, pero llega un momento en que miras para todos los lados y no ves nada, todo ha desaparecido y estas solo vagando por el mundo. Pero aun así eres feliz.
Puedes ser cohibido o extrovertido, puedes ser como quieras ser, pero siempre habrá un momento, un instante presente en tu vida que la haga un poco especial.
Así, es como chocas con alguien parecido a ti, similar, con grandes aventuras por vivir, planes diseñados que ejecutar, y descubres un mundo nuevo al que quieres acceder sin mirar atrás.
Puede parecer directo, quizá inapropiado, pero las causalidades es lo que tienen. Son especiales, inesperadas, no contamos con ellas. Yo creo que un punto a favor es que nos mostramos como realmente somos, no planeamos la forma de actuar, qué vamos a decir. Somos nosotros, de verdad.
¡Y qué bonito fue! Ese chico me hizo descubrir grandes cosas. Fue algo totalmente nuevo. Sentí que podía ser yo misma. Me encantó enseñarte mis mejores momentos y experiencias. Mostrarte cómo es mi vida. Fue algo mágico. Fue el comienzo de algo que no esperaba.

No importó el tiempo, ni el lugar, de hecho recuerdo cuando empezamos hablar que estábamos rodeados de personas y cuando nos quisimos dar cuenta estábamos completamente solos. Me dio igual, sé que no podría estar mejor.

martes, 16 de mayo de 2017

Quererte en más fácil que olvidarte. Ni siquiera lo he intento, pero sé que no podría vivir sin ti.
Soy de esas personas que cuando conocen a alguien, se fijan en las grandes similitudes que tienen y en todo lo que les rodea. 
Por esa razón, creo que me gustas cuando solo hemos tenido tan solo varios encuentros casuales. 
Me encantan las casualidades. 

jueves, 11 de mayo de 2017

Es bonito tener sueños, pensar a lo grande, tenerlo todo en nuestras manos, cerradlas y romper aquello en lo que creíamos dejando los trocitos dentro de nuestro puño. Ilusiones que destrozamos, los dos, tú por dejarlas atrás y yo, en fin… yo por volverlas inalcanzables, demasiadas irreales e improbables.
Creo que, pase lo que pase, deberíamos tener presente siempre la valentía. De esta forma podríamos decirnos absolutamente todo, lo que queramos, sin miedo a lo que pueda pasar. Hay algo que siempre tengo en la cabeza… Si algo acaba, pero nadie le ha puesto fin. Si algo termina pero, a pesar de tener oportunidades para seguir no se quieren aprovechar, ¿por qué no se dice “se acabó”?
Tú has acabado, yo aquí sigo esperando.
Qué importará lo que ocurre en el asiento de un coche, lo que pasa en el banco de un parque o lo que hacemos en mi cama. Las caricias que nos dimos, las risas que nos provocamos, las historias breves para conocernos un poco mejor, las dudas que tuvimos sobre nosotros, que me llamaras imbécil por confesarte que me moría de ganas por saludarte en varias ocasiones pero no tuve agallas suficientes para hacerlo…
Vivimos lo suficiente, lo que pudimos permitirnos, lo que tú quisiste. Aun así creo que nos faltó un día más. Tener tiempo para mantener las cosas interesantes. Para decir con palabras y no con evasiones que ya no hay más. Se acabaron las ganas de besarnos, de estar juntos, de que me tapes con la sábana para no quedarme fría después de una noche escrita.
En verdad mis ganas siguen, pero ya estoy cansada de esperarte.

Creo que la culpa es mía, por tener demasiados frentes abiertos, demasiadas historias en pleno capítulo 1, pero aun así duele, ¡y cómo duele! En los comienzos tan solo te fijas en las similitudes y diferencias que tienes con esa persona, en que podríais formar y en lo que os identifica como humanos. Empezar es fácil, están los sentimientos a flor de piel, las ganas de ir a más se notan, se sienten. Puede que no estemos hablando de amor, ni siquiera de cariño. Quizá sea ganas de tener a alguien, de tocar otro tipo de piel, de experimentar y conocer. Claramente, de descubrir aquello que nos rodea.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Somos demasiado buenos y demasiado tímidos como para decir lo que sentimos el uno del otro. Las oportunidades se nos escapan.
¿Alguna vez has visto como todo cobra sentido? ¿Alguna vez has descubierto aquello que tanto esperabas?
Puedes tenerlo cerca, a tu lado, pero no te dabas cuenta de que estaba ahí, de que podría coger la importancia suficiente como para cambiar tu mundo una vez más.
Es lo que me has hecho, apareciste sin yo quererlo aunque ya sabía que existías. Estuviste presente en los momentos en las cuales necesitaba a alguien para abrazar, sin llamarte. Estás ahí sin pedírtelo. Estás, que es lo importante.
A veces siento mucho por las personas que me demuestran que les importo, aquellas que sin dudarlo me ayudan a salir adelante. Esto a su vez, me hace sentir miedo por perderlo. Por perderte.

No me avergüenza decir que me gusta, pero temo hacerme daño a mí misma con falsas ilusiones e historias utópicas que no conducen a nada, a nadie y que por supuesto, no existen. Gracias a este tipo de experiencias sé que hacernos daño a nosotros mismos en muy fácil, y que el miedo va acompañado de dolor cuando admites la realidad: querer a una persona, y a cambio ser una más con la que pasar el rato. 
No podemos predecir con certeza aquello que va a pasar. No sabemos ni siquiera en qué punto nos encontramos, no sabemos si nos tenemos el uno al otro.
Ojalá fuera así, sin trampas, sin altibajos, pero no todo es lo que deseamos. Queremos comernos el mundo, y no nos damos cuenta de que lo necesitamos entero para vivir.
¿Cómo definir mi mundo? Claramente no es cosa fácil, más bien diría que es casi imposible de adivinar, sobre todo ahora, ya que todos los caminos están enredados y no veo una salida clara, una vía de escape que me libere de esta situación.
No dudaría ni un segundo si tuviera que darte todo el amor que tengo. Lo tengo claro, eres tú y solo tú, tan solo eres el único motivo para seguir con todo hacia adelante y poder conseguir los objetivos que me propongo, pero solo los míos, las pequeñas cosas que pueden hacerme feliz.

Respira hondo y di todo lo que te se pase por la cabeza sin pestañear, así sabré que hay dentro de tu mente, aquello a lo que aferrarme en los malos momentos, aquel motivo por el cual creer.

jueves, 20 de abril de 2017

Decir “tengo frío” puede ser la excusa perfecta para acercarnos un poquito más. Me gustó, de verdad que me gustó abrazarte, tumbado, apoyado  sobre mis piernas mientras con mis manos acariciaba tus brazos para que entraran en calor. Hablamos de todo, sobre todo de lo tímida que soy y de lo difícil que es entenderme. En ese momento me di cuenta de que entramos en una etapa en la que ya era hora de tener confianza en ti, en mí, en creer en nosotros mismos. Ahora lo pienso y lo entiendo. Fue el momento perfecto para un primer beso. Sin miedos, sin temores, con la seguridad suficiente para saber que iba a ser respondido.

Confieso que estaba perdida, no sabía muy bien qué estaba pasando, pero me encantó. Lo recuerdo y tengo un escalofrío. Imagino una y otra vez la forma en que lo hiciste, como cogiste mi cabeza delicadamente y la acercaste despacio hacia a ti para darme un beso fugaz, un beso que desencadenó una lluvia de besos en una noche estrellada.