¿Alguna vez
has visto como todo cobra sentido? ¿Alguna vez has descubierto aquello que
tanto esperabas?
Puedes tenerlo
cerca, a tu lado, pero no te dabas cuenta de que estaba ahí, de que podría
coger la importancia suficiente como para cambiar tu mundo una vez más.
Es lo que me
has hecho, apareciste sin yo quererlo aunque ya sabía que existías. Estuviste
presente en los momentos en las cuales necesitaba a alguien para abrazar, sin
llamarte. Estás ahí sin pedírtelo. Estás, que es lo importante.
A veces siento
mucho por las personas que me demuestran que les importo, aquellas que sin dudarlo
me ayudan a salir adelante. Esto a su vez, me hace sentir miedo por perderlo. Por
perderte.
No me
avergüenza decir que me gusta, pero temo hacerme daño a mí misma con falsas
ilusiones e historias utópicas que no conducen a nada, a nadie y que por
supuesto, no existen. Gracias a este tipo de experiencias sé que hacernos daño
a nosotros mismos en muy fácil, y que el miedo va acompañado de dolor cuando
admites la realidad: querer a una persona, y a cambio ser una más con la que
pasar el rato.
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