Un instante
para disfrutar y olvidarse del mundo. Solo dos personas, el tiempo por delante
y magia. El lugar es lo de menos si te encuentras al 100% de bienestar.
Un coche y dos
asientos que llevaban nuestro nombre, pero a los pocos minutos solo necesitamos
uno, pues cuanto más juntos mejor, así sería capaz de sentir de cerca los
latidos de tu corazón, poder ver si te pones nervioso, si te muerdes el labio
por estar inseguro. Cuando mejor conoces a las personas es cuando estás a tan
solo un par de centímetros y ahí es como se muestran verdaderamente y hacen lo
que sienten.
Pon la radio y
disfrutemos de la música, cada canción es un lienzo en blanco. Es una forma artística
de besar, hacerlo a la par de la melodía, de los golpes fuertes, siguiendo el
ritmo. Poder rozar tu piel como si fuera un pentagrama vacío donde mis dedos son
las notas.
Besarte, mirarte
y cantar una estrofa en voz baja, casi inentendible, mientras se me escapa una
sonrisa, mientras tú me agarras fuerte como si me fuera a caer. Cierro los ojos
y veo tus manos en mi espalda y tras un beso en la mejilla y un abrazo
abarcador, tu suspiro entrecortado. Poder tenerte en frente y hacer que salten
chispas, que haya un choque, una fuerza poderosa que nos haga cometer locuras
sin arrepentirnos de nada. Éramos tan solo, nosotros mismos.
La sexta
canción fue especial. Sube el volumen que quiero sentirla por mis venas.
Coincidió ser una que me encanta porque cuenta una historia, no como la de
nosotros, ya que a lo mejor lo más parecido que tienen las dos es que las
defino como historias, pero ésta siempre me llega al alma, porque una vez
cuando tenía siete años sentí lo mismo. Ahora es diferente, ya que no tenemos
base ni planes de futuro, solo puedo decir que eres la casualidad más bonita.
Sé que en ese
momento no podría ser más feliz, pues lo tenía todo, besos, abrazos, amor para
mis oídos. Disfruté como una niña en un columpio. Perdí la cuenta a partir de
la décima canción, creo que fue ahí cuando quería que nosotros hiciéramos la
música, ser los directores de la orquesta. Unirnos más y hacer que las corcheas
se disparasen.
Quería tenerte
para mí, no suelo ser egoísta pero esa noche estaba escrita y nosotros no lo
sabíamos. Nos dejamos llevar sin pensar en un qué o un cómo. Era el momento
perfecto para saber más del uno y del otro. No nos faltaba nada, teníamos todo
y por supuesto, no echaba de más nada.
Créeme que
esto no lo esperaba, ahora se me haría poco una despedida amable para poner fin
a la noche y mirar a las estrellas hasta entrar por la puerta de mi casa.
Prefiero mil veces lo ocurrido: el bajarme del coche sin quererlo, darte un
último beso sin estar segura de que vaya a ser el definitivo y sobre todo,
entrar por la puerta de mi casa sonriendo sin fijarme acaso si había estrellas.
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