Todo empezó hace más de un año, para ser exactos, un miércoles 1 de agosto de 2012. Yo estaba con mi ordenador portátil en mi habitación, tumbada en la cama como de costumbre, escuchando música que me hace sentir bien, cuando de repente escuché un sonido, pude ver como alguien me hablaba por el chat de una red social.
Era un compañero de clase con quien nunca tuve una conversación de más de cinco minutos excepto en una fiesta de días antes que coincidía con su cumpleaños. Me sorprendí mucho al ver que era él, y más cuando vi que me llamaba tonta de una forma cariñosa. Después de ese saludo empezamos con vaciladas y bromas, los dos nos divertimos.
El día siguiente que hablamos fue el 5 de agosto, y cada vez hablábamos más y más, contando historias para que no nos aburriéramos, aunque yo nunca le dije que mientras hablaba con él era imposible que me aburriera.
El 9 de agostó fue mi cumpleaños, y como no, él me felicitó justo a las doce de la noche, fue un detalle que se acordara y fuera de las primeras personas en felicitarme.
Esa misma noche, salí con mis amigas a tomar algo a un pub para celebrar que cumplía dieciséis años, me dieron los regalos, una camiseta de Nirvana, una tarjeta gigante, y una pulsera y pendientes a juego. Él no puedo salir porque estaba castigado, pero para mi sorpresa, al día siguiente volvimos a salir, y ahí estaba él, en la calle con los amigos tomando algo. Enseguida fui a saludarlo, y entramos dentro del pub a bailar.
Después de un rato me dijo que se tenía que ir.
-Bueno guapa, lo siento pero me tengo que ir a casa. Si llego más tarde me van a castigar.
Entre amigos, la forma de saludarse y despedirse dando dos besos en las mejillas en muy común, y nosotros no éramos menos, pero no sé que pasó, nos girábamos de izquierda a derecha y sin querer nos dimos un pequeño y rápido beso en los labios. Los dos sonrojados dijimos adiós.
La noche continuaba, y mientras yo seguía bailando con mis amigas, puede sentir mi móvil vibrar en el bolsillo del pantalón. Le saqué y vi que era un mensaje de él, ya había llegado a casa y sin saber por qué, dejé de bailar y me senté en una silla para poder hablar con él.
Así estuve un buen rato, hasta que decidí irme a casa, mientras caminaba se me ocurrió que él podía salir para poder dar una última vuelta antes de ir a dormir, a él le pareció y fue a las tres de la madrugada cuando estuvimos juntos hablando y riéndonos.
Llegué a casa a las cuatro de la madrugada, y antes de abrir la puerta, me quedé en un banco de la terraza recopilando todo lo que había pasado esa noche. No olvidé el beso, y con una sonrisa, me dije a mí misma, que ese beso y estar con él fue el mejor regalo que pude tener.
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