Y es que no me atrevo a leer las conversaciones con él de esos días en los que decía que era algo en su vida, que ocupaba una parte de su corazón. Éramos amigos, muy buenos, y como decía no me atrevo a recordar los pequeños momentos pero significativos que vivimos. A lo mejor, me hace sentir bien, o a lo mejor termino llorando. Creo que la segunda opción sería la acertada.
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